miércoles, 19 de diciembre de 2012

GLOSAS SOBRE POESÍA. Por Flóbert Zapata Arias


Los poetas empalan poetas como el amo cristiano empaló musulmanes en Transilvania, de donde nació la leyenda, como musulmanes han degollado cristianos. Lo hacen con la misma intolerancia, con la misma sevicia, con el mismo interés básicamente religioso de la supremacía, el renombre y la rapiña. A cambio reciben degustaciones sibaritas de los dueños del circo.
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Hay dos clases de lectores inteligentes. También en la poesía el mundo partido en dos. Los  que le dan vida a poetas como Julio Flórez, Raúl Gómez Jattin, Obra negra, La hora de tienieblas...  Y los que los sepultan.
Alter egos del escritor popular porque no pudieron evitar que se impusiera y del escritor popular porque lo impusieron desde las propias aulas: Rafael Pombo infantil.
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Al “amigo” que ironiza nuestras carreras con el Nóbel, le decimos que disfrutamos cosas tan interesantes como el Nobel a veces mentiroso como a veces los nobelitos nacionales. Cosas como ser queridos por los amigos.  Y lo somos cada vez más a pesar de que ustedes los “poetas” se oponen con esa guerra feroz nacida en la envidia y la pequeñez. Estamos contentos de nuestra pequeñez sin envidia, con coronas suecas de juguete, y hacemos de ella una fiesta.  
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Parte de lo que se conoce como la poesía colombiana es una mentira defendida con el mismo ardor con que se defiende una idea política o religiosa.
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Los consideras naturales porque eran el paisaje que había cuando naciste para la poesía. Eso no quiere decir que los necesitamos. Ahora que lo sabes, revísalos y confírmalos o ponlos en su justo lugar, de la manera como Freud propone que hay que matar al padre.
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Poesía idealista, la que no ha leído a Nietzsche o no lo ha comprendido. La poesía dominante hoy. La poesía que excluye a Gonzalo Arango y lo priva aun de un lecho decente.
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No dejan coger fama al poeta que es bueno porque comunica mundos prohibidos, los prohibidos porque comunican. La fama, que se reparte desde el cielo con calculadora y lista en mano. Porque la fama sin amigos desinteresados, esa maldición, es lo único que lo pone a salvo. Algunos se escapan aprovechando que el cardumen supera toda malla, luego se exilian  generalmente. Le niegan los concursos nombrando jurados incapaces de reconocer la grandeza de los que están por fuera de su narcisismo. Nombrando jurados cuyas propias obras no despiertan interés sino en un círculo ilustrado, satisfaciendo la continuidad de su gusto metafísico. Los festivales le dan la chupeta de relegarlo a eterno candidato al honor de una invitación con honorarios, avión y hotel de lujo.
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Las miserias del sistema representativo se pueden ver mejor en la poesía que en la política.

La Carolita, domingo 16/dic/2012
(Fotografía: Salamina)

© Flóbert Zapata, diciembre de 2012