sábado, 12 de septiembre de 2009

OBAMA DE SOMBRERO BLANCO ALÓN

(Fotomontaje: Leandro Loaiza Largo)


A punta de fusiles el Ejército estadounidense saca a Obama del sueño y de la Casa Blanca, lo monta en un avión y lo descarga en Canadá como mercancía de segunda.

El Congreso y la Corte Suprema de Justicia enarbolan una supuesta renuncia firmada por el propio Obama y hacen de Mac Cain el cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América.

El pueblo se lanza a la calle a protestar contra la asonada y a levantar su clamor por la restitución del orden constitucional. Primeros muertos, heridos y encarcelados.

Es decretado el Estado de Sitio y con él desaparecen las más importantes libertades civiles, de las que este país ha sido adalid en sus mejores momentos. Comienzan encapuchados y escuadrones de la muerte a linchar intelectuales, activistas de los derechos humanos y periodistas no afectos al cuartelazo. En extrañas circunstancias desaparecen Noam Chomsky y Amy Goodman.

Mac Cain ruge envalentonado por el respaldo gordo, expreso y creciente de las multinacionales económicas y mediáticas y sus virreinatos regionales.

En vallas y pancartas de papel y electrónicas una frase del precursor Roberto Micheleti convertida en ostentoso, sarcástico e irracional alejandrino de himno: “No hay país poderoso que pueda doblegarnos”.

Michelle Obama sale de su refugio, desafiando las intimidaciones y los riesgos contra su vida, y se une temeraria y altiva a las solidarias manifestaciones en favor de su marido y del partido que representa.

Son ralentizados o bloqueados sitios web, cerrados periódicos, emisoras de televisión y radio no afectas a la ilegalidad. Aumentan los despidos de comunicadores imparciales para ser reemplazados por cipayos.

Renace el kukux klan, en Italia y España reinstalan las estatuas de Franco y Mussolini, se activan los movimientos neonazis, la intolerancia tremola como las banderas de guerra en los campos de batalla.

Obama anuncia el regreso a su patria acompañado de los presidentes de la ONU, la OEA, algunas naciones, mientras empleados estatales, obreros de fábricas y sirvientes son obligados por los patronos a marchar en su contra, enfundados en camisetas blancas marcadas con la palabra paz.

El Papa le advierte a Obama que su regreso desencadenaría un baño de sangre y le aconseja que se quede callado y quieto donde está, resignado a ser un inmigrante más.

Son prohibidos los vuelos desde Canadá. Cualquier avión que transporte a Obama será derribado. Los controles en las frontera terrestres se amplifican.

Álvaro Uribe Vélez y Allan García reciben en Bogotá y Lima respectivamente a una comisión del gobierno de facto encabezada por su Secretario de Estado.

La asociación liderada por Berlusconi, Asnar, Bush, entre otros, propala por el mundo que no se trató de un Golpe de Estado sino de una normal sucesión de poder, encumbra a McCain como redentor de la democracia y lo propone para el Nobel de paz.

Los Mario Vargas Llosa del mundo echan a rodar sus monedas de opinión, que por la cara rechazan el golpe y por el sello lo justifican.

Gobiernos a favor, gobiernos en contra; sociedades complacientes, sociedades críticas; caretas que se ponen, caretas que se quitan; cheques que van, cheques que vienen; promesas que se acumulan una sobre otra en reuniones secretas; acuerdos oscuros. África sollozante.

Guerra civil estadounidense, la segunda. Guerras civiles y de Estados contra Estados, por motivos antiguos y nuevos, en los cinco continentes. La economía quiebra y con ella las del resto del planeta en efecto dominó. Hambre, llanto, dolor, angustia, se respiran en el aire y llegan con las olas y las nubes.

Estalla la quinta guerra mundial. (¿La tercera y la cuarta? Estábamos en ellas: respectivamente la del dinero y la de la información, luego intercomunicadas). Dos bandos: los pobres de la tierra, con uniforme y sin él, pagados por el gran capital, contra los pobres de la tierra movidos por los ideales democráticos griegos, los de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y los de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa.

Cuando de la tecnología no queda nada, la comunicación el primer blanco (satélites hechos pedazos, cables de telefonía e internet cercenados), los sobrevivientes, impermeables a la vida, ennegrecidos por el humo, polvorientos, llagosos, derrengados, sobre sus pieles y huesos materia nuclear, se destrozan con armas de chatarra retorcida, piedra y madera quemada.

La tierra firme, convertida por los maremotos y el deshielo de los polos en un gran charco, es testigo de la evolución comenzando un nuevo ciclo, del que lentamente surge una especie acuática que añora o presiente a la especie humana.

© 2009 Flóbert Zapata