sábado, 25 de agosto de 2007

SOBRE LAS DUDAS DE ABRIR ESTE BLOG

Todo sensato, es decir todo náufrago, piensa el narcisismo. “El corazón del hombre” de From es una pequeña tempestad que podemos procurarnos. Reconozco que jamás podré cumplir esta enciclopedia taoísta de una frase: “El hombre perfecto no tiene yo, el hombre espiritual no tiene éxito, los grandes sabios no tienen nombre”, aunque a ratos he tenido el impulso de seguir a Crates e Hiparquia. Uno de mis sueños más plácidos fue despertarme durmiendo en una acera de la veintitrés, descubrir que había sol y voltearme para el otro lado, libre de horarios y dependencias, sin patrones como Siddartha Gautama sin riquezas.

Sin embargo, qué más es un escritor que un egótico; aun, o quizá justo ahí, cuando habla de los otros habla de sí.

¿Hacerse uno mismo una página electrónica —me preguntaba— no era menos un acto de vanidad que de soberbia?

Un escritor paisano considera inmoral publicarse él mismo. Ojalá yo tuviera con qué para renunciar de modo frontal a la secta cortés y mendicante en que han convertido a los creadores en mi tierra.

Porque afortunadamente nunca estaré claro ni en esto ni en nada, en cada paso que dé me queda el consuelo nietzscheano del error irrefutable.

Excepto los realmente grandes y los grandes prefabricados por la publicidad nadie tiene espacio en los medios masivos, llámense televisión, periódicos o radio. A eso súmense el monopolio y la cremallera ideológica conservadora creciente, ante la cual cálidamente es preferida la autocensura al alquiler. Panorama final: silencio, silencio y más silencio; incomunicación, islas, puentes rotos. Supremacías entre las devastaciones. Ruinas para la muchedumbre.

Sin embargo nunca faltó el periódico de pequeño tiraje, símbolo de resistencia ante la globalización del analfabetismo estético. A blanco y negro, casi siempre sin fotos para reducir costos y evitar ser acusado de vitrinero

El pasado julio comencé a descubrir las posibilidades del blogspot, en “La pipa de Magritte” de Julio César Correa. Ahora pienso en lo que es realmente este asombroso universo que lo incluye: una especie de comunismo primitivo de la información o quizá la aldea global albigense de la expresión. Con él la fuerza de los monopolios durará lo que el Internet en popularizarse. Su subsistencia dependerá de su pluralidad, a diferencia de antes, cuando el dinero erigía el pensamiento que se decidiera porque para competir se necesitaba encontrar la bodega de Alí Babá de la corrupción o de la herencia, ya que el honrado avanzaba un paso y un codazo lo devolvía dos. Tal vez algún día podamos entrar en la utopía de catarsis marxista: “la crítica despiadada de todo lo existente”, sin la cual apenas habrá esperanza de verdadera civilización, en vez de los simples cambios de imperios sucedidos siglo tras siglo.

Otros entregan delicadezas, yo estas excusas; me culpo de lesa libertad.

A través del proyecto REMES, “Red mundial de escritores en español”, ingresé al sitio de Luis E. Prieto, ginecólogo y escritor español. Ahí las noticias sobre sus libros, carátulas, fragmentos, poemas suyos leídos por hispano parlantes admiradores de toda parte, etc. “¡Qué interesante!”, me dije. Pero aun tenía reservas.

Vino http://www.haroldalvarado.com/. Ahí toda la grata energía y muestras de la inexhausta labor de este brillante colombiano. Galería de fotos: Con Borges en Islandia, Con García Márquez en Ciudad de México, con Paco Brines en lugar indeterminado. Cuánto me gusta la “Generación del cincuenta”. Ese “Himno a la juventud” de Biedma tan memorable para un lector de cuarenta y nueve. No, no era vanidad. Definitivamente. Era simple y llanamente la asunción del derecho a existir. Sin duda nunca hubo un derecho a existir más grande que con el advenimiento de la Web, fue la conclusión a la que llegué.

No menos que cualquier magnate Hárold tiene una publicación. Como los Tiempos, los Espectadores, las Patrias. los Colombianos, los Washington Post, los Le Monde, los Clarín... Y mucho más: puede ser leído a cualquier hora, en cualquier punto del planeta, por cualquiera de los seis mil millones de habitantes que lo aman y lo destruyen como a sí mismos cualquier típica pareja sadomasoquista latinoamericana.

Vi a Eduardo García Aguilar al lado de la canciller alemana Ángela Merkel y con Gunter Grass, el suscrito nazi de pelao, en Berlín. No, no fue en Luna ni en Cromos ni en Cambio ni en Semana. Allí nunca habría salido tanto. No en su apartamento de París, a donde nunca iré. No en Manizales. No, en su blogspot. Me inundó de alegría poder leer las últimas reseñas sobre sus libros, su artículo de esta mañana.

Supe entonces que publicarse uno mismo no sólo no era un acto de narcisismo sino el llano ejercicio de un derecho y, si se quiere, en los tiempos de vocación desinformadora y supresora que vivimos, de un acto de franco heroísmo. “Haré mi blog”, me dije.

Lo virtual no se dejaba entrever en todo su portento. Hasta que se me murió mi primer hermano, el 25 de julio del 2006, en La Merced, Caldas. Por su repentina y pura volatilidad, por su evanescencia febril, por su vacuidad onírica, de plano fluyó la niebla que en este momento me permite apreciar la vida como un fenómeno virtual: estamos ahí y de pronto no, alguien nos borró de su página Web; podemos tocar lo superficial pero no lo grave, la piel pero no lo que hemos dado en llamar espíritu.

Como no tengo dinero para mantener un sitio con todos los fierros, que es como vale la pena, tendré un blog. Mas como siempre se puede aunque no haya, porque sus posibilidades son más amplias, si no le da a mi cuerpo por autovirtualizarse ante de tiempo, tendré el sitio. De repente es prioridad lo que siempre fue técnica y novedad que se filtraría y se agotaría. Será el año entrante; lo suficientemente amplio para que quepan en él, de ser necesario, los citados seis mil millones de habitantes el planeta. Lo mejor de todo: sin censura exterior.

El Internet está construyendo el nuevo mundo, más que el de la información; realidad pura, sin los mitos de las cosmogonías. A partir de hoy, para mí, presente incontaminado por los conceptos de tiempo. Como dioses tenemos a la mano la posibilidad de participar en la final creación. De eso se trata, nada más y nada menos. Lo que llamábamos “mundos reales” poco a poco comienzan a ser sus apéndices. Con Internet y los videojuegos no es que los chicos se evadan del mundo real, es que se fugan de la ilusión que es. Resucitaré a mi hermano, le daré una vida de grandeza jamás pensada, le restituiré su lugar en el universo.

“Aquí estoy —podrá comenzar su página— dejé de ser carne tocable y ahora soy carne eterna, pulpa virtual” En otro lado, siempre en presente, no histórico, introducirá su galería de fotos: “Esta es mi carcelera esposa (“Está casada”, le dirán a algún pretendiente. “¿Casada, no que su marido estaba muerto?”, preguntará. “No, vive en http://www.faberzapata.blogspot.com/”, le explicarán. O “…en http://www.flobertzapata.com/, la casa de su hermano”. Y el hombre desistirá, o pensará en la opción de ser un amante furtivo, con riesgo de ser matado y todo), de la que soy también, obviamente, su carcelero; estas mis hijas Diana y Alejandra; estos mis archisupermegahiperadorados nietos Juan Pablo y Juan Esteban, lo mejor que me ha ocurrido en la vida”. Debe haber en el mercado, —todo está ya, sólo que uno no se da cuenta. Siempre bulle más vida de la que uno supone— un programa automático que le devuelva hasta el más mínimo detalle la memoria y que le permita mediante respuestas autónomas chatear por sesenta años seguidos, diez más de los que vivió. Hablará con propiedad sobre los lugares conocidos, los libros que leyó, las canciones que le gustan, mucho-mucho sobre los camperos viejos que luego arreglaba y vendía, sobre grasa y mecánicos, etc. También se podrán reconstruir horas y horas de video, para los que el internauta que los quiera ver precisará de décadas. En ellos recorrerá la tierra que había comenzado a parir, llevará a Juan Pablo a terapia para que pueda caminar, etc Y así… No pongan en duda que lo hará. Quizá yo soy aquí y ahora un cadáver y mi hijo me está reviviendo, es decir, en este renglón preciso me encuentro under construction.

Como todos los hombres arreligiosos y agnósticos, en un mundo por fortuna prismático, soy lo que cada uno elija entre el segmento formado por dos puntos: el santo y el hijueputa. Bienvenidos todos los jueces y los espectadores que callan y los que aplauden.

Ya saben, no nos comunicamos de esta forma, ni usted ni yo ni nadie, porque nos creamos lindos o premios Nobel o Dorians Grays sino porque que vemos demasiado grandes a los otros o nos sabemos vistos demasiados pequeños por ellos. Nosotros, los clavados al suelo, los simples, también tenemos voz y queremos desenterrarla en algún momento. Aquí estaremos siempre.

Nunca más podremos decir con Alejandra Pizarnik: “Los que me buscan no me encuentran, los que espero no existen”. Ni una vez más no estaremos y al que no exista lo creamos en la red y punto. Hasta que un día ella no dependa de nadie y sea el universo paralelo que nos alberga y nos explica.

Espero pues que mi postura haya sido de persona “normal”, “madura” (ah palabras utilizadas de manera infame por los falsos moralistas), en términos del traído siquiatra Erich: “Aquella cuyo narcisismo se ha reducido al mínimo socialmente aceptable, sin que desaparezca nunca por completo”. Y que mi declaración de humildad sea una forma digna del orgullo.

Si este soy yo ¿por qué tengo que esconderme? Esperar a que alguien venga y me saque de mi oscuro rincón de autor desatendido está bien como fantasía de los treinta o del siglo XIX pero no de los cincuenta, más cuando el hermano cuasimellizo ha muerto hace minutos de infarto fulminante durante el sueño y dejó el gen por ahí zumbando. Ah, la introversión freudiana: “El alejamiento de la libido de las posibilidades de satisfacción real y su desplazamiento sobre fantasías consideradas hasta el momento como inofensivas”. Ya es hora de acostumbrarnos a recibir críticas brutales y absurdas, que de todos modos vendrán como siempre. Que el heroísmo y el martirio cotidianos, tan insuficientes, basten por ahora para que la musa levis de la vida aplace la inenarrable epopeya de la caída.