viernes, 29 de noviembre de 2013

El tonto maestro de colegio y la alumna tonta. Por Flóbert Zapata

Dedicado a Carlos Alberto Castrillón
 
Me gustaba con el cabello largo, lo lleva corto.
Me gustaba con la nariz aguileña, se la hizo corregir.
Le gustaba de cabello negro, tengo canas.
Le gustaba convencional, me volví casi hippie.
Tenemos dos hijos adultos,
ya no tenemos fuerzas para abandonarnos.
Evitando enloquecer, cada tanto hago algo que la enoja;
cada tanto hace lo que más me enoja:
humillarme sexualmente.
Cuando ya he olvidado la forma de sus nalgas
llega como quien se ha tornado pacífico para siempre,
gata que me soba las pantorrillas.
Me entrega de nuevo su cuerpo para que no me vaya,
acepto de nuevo su cuerpo mientras me voy.
No me importa su humildad, aparente porque la conozco;
no le importa mi cinismo porque no me reconoce.
Así volvemos otra vez al principio:
el tonto maestro de colegio que se enamora de la alumna tonta.
 
Me gustaba con el cabello largo, lo lleva corto. Me gustaba con la nariz aguileña, se la hizo corregir. Le gustaba de cabello negro, tengo canas. Le gustaba convencional, me volví casi hippie. Tenemos dos hijos adultos, ya no tenemos fuerzas para abandonarnos. Evitando enloquecer, cada tanto hago algo que la enoja; cada tanto hace lo que más me enoja: humillarme sexualmente. Cuando ya he olvidado la forma de sus nalgas llega como quien se ha tornado pacífico para siempre,  gata que me soba las pantorrillas. Me entrega de nuevo su cuerpo para que no me vaya, acepto de nuevo su cuerpo mientras me voy. No me importa su humildad, aparente porque la conozco; no le importa mi cinismo porque no me reconoce. Así volvemos otra vez al principio: el tonto maestro de colegio que se enamora de la alumna tonta.
Montería, miércoles 4/noviembre/2013
 
 
© Flóbert Zapata, noviembre de 2013

Después de nueve horas. Por Flóbert Zapata

Guillermo Panesso, diseñador gráfico, que se fuma cuatro cigarrillos al día, tuvo que salir de afán hacia el trabajo ayer por la mañana y no le quedó tiempo, porque por el sector no se consigue fácil una tienda, de salir a comprar un Derbi-10 para fumarse el de después del desayuno. “En el descanso me lo fumo afuera”, se dijo. Pero lo cogieron cortico para que entregara un libro urgente de la biblioteca de Anserma y no tuvo descanso. A las doce debía ir donde su anciana mamá por los lados de Alta Suiza a hacerle el almuerzo y antes de coger la buseta se lo fumaría pero Elías, el gerente, que lo podía dejar de paso, se ofreció a llevarlo en su particular, aunque ya, porque no tenía tiempo de nada y ¡cómo desaprovechaba esa oportunidad, con la horrible congestión del mediodía! A la una y veinte, camino a coger la buseta de regreso y a comprar el Derbi-10, alguien le pitó, era Elías de nuevo, y ¿quién desprecia al jefe? Entró a Editorial La Pluma, prendió los equipos para salir luego a fumarse el cigarrillo y se largó de repente un aguacero tan fuerte que el torrente se subía a la acera y llegaba hasta el muro de ladrillo a la vista.  Con el agua debilitada y terca, aunque se mojara los zapatos y las botas del pantalón, salió a fumarse el cigarrillo en el puesto de dulces de la esquina y bajo el techo del paradero. Después de nueve horas, que para un fumador equivalen a nueve años.  

La Carolita, jueves 21/nov/2013

 

 (Foto: pintada de muros por la Plaza de Toros, Manizales)

© Flóbert Zapata, noviembre de 2013


jueves, 28 de noviembre de 2013

Ese silencio tuyo. Por Flóbert Zapata

(Jardín de El cable, Manizales)

Ese silencio tuyo prueba varias cosas.

Que tú tienes alma y que yo no tengo alma.

Que tú te equivocas y eres feliz.

Que yo me equivoco y soy triste.

 

© Flóbert Zapata, noviembre de 2013

 

La sustancia que finge el llanto. Por Flóbert Zapata


1
¿Te ha pasado que entre tus amigos esté tu peor enemigo?, ¿no te ha pasado?, entonces sólo conoces la tristeza cuando se mezcla con la sustancia que finge el llanto y la decepción. Es tu peor enemigo porque nunca podrás desenmascararlo, pública y repetidamente da muestras de su hondo aprecio por ti, ah, contramaestre de los jueces abyectos y de los poderosos dispensadores de patógenos y camelos, traidor de la parte buena de la moneda y de la cara limpia del dios que cuelga en su pecho con la vaga sensación del ahorcado. El día que te enfermes te visita y ya solo en su cuarto danza para que tu mal no tenga reversa. Sabe danzar, no hay un solo filisteo que no sepa danzar, para que llamen niestzscheano al “bueno y justo”. La venganza acaece simple con este espécimen, desearle una larga vida, no morir en su corazón. ¡Qué mundo hemos construido, en el que la supervivencia consiste en no dejarte matar de los amigos¡

2
¿No te ha pasado que entre tus amigos esté tu peor enemigo? Una razón va en tu búsqueda, estas cosas sólo le pasan a quienes viven distinto, tienen criterio propio porque espulgan la realidad con la puerta abierta a las ideas y la historia, asumen un destino autoelegido y no dictado por el gas normalizador y se comprometen con el sueño del amor universal, en el que en vez de morir cada uno contra cada uno se levante el canto de todos para todos.  Ellos padecen estos amigos,  estos vecinos, estos jefes,  estos compañeros de trabajo, estos colegas, estos momificadores de la fuerza de los ríos y del color del mar, esta especie en cuyo cuerpo crecen caparazones inútiles y garras estorbosas, tristes teatros de la histeria legitimada.

3
Ya te pasará, ya te convertirás en lobo estepario con restos de hoja de coca en los dientes, tarde para que no tengas energía ni tiempo de contarlo, y si no te pasa implora esa clemencia que sólo otorgan las condecoraciones, la sinecura y  la serotonina que producen la envidia y la rapacidad, la confusión y el miedo a la felicidad formulado en imprudencia. Otra cosa, querrás burlarte de ti mismo y ni siquiera ese don te concederán pero a cambio te conceden la visión del hombre que patea a su gato y del que salió a vender su perro y como nadie lo compraba lo mata y se lo come: “Con los animales no hay comedia, son como son. Por lo general los animales están tristes y cuando un hombre está muy triste porque alguna vez, por un momento, se dará cuenta de cómo es todo, cómo es la vida entera, entonces parece siempre un poco el animal, tiene un aspecto de tristeza pero es más justo y más hermoso que nunca. Hermann Hesse

La Carolita, miércoles 27/nov/2013.  

 

 

© Flóbert Zapata, noviembre de 2013

 

miércoles, 27 de noviembre de 2013

EFECTOS SECUNDARIOS. Por Flóbert Zapata

El pequeño y herido David le dio muerte al gigante y poderoso Goliat con una honda. Luego tomó hormonas europeo-americanas y se volvió gigante, muchas veces más grande que Goliat. La rutina de gimnasio hizo sus músculos temibles. Y se volvió malo como Goliat, cayó en la aporía, la ambición y los delirios de grandeza, efectos secundarios de la droga. Y destructivo como Goliat. Y ambicioso como Goliat. Y soberbio como Goliat. E iracundo como Goliat. Oculto en una cueva un pequeño palestino prepara su honda.

La Carolita, lunes 11/nov/2013




 
(Foto: pintada por la Plaza de Toros, Manizales)




© Flóbert Zapata, noviembre de 2013


martes, 26 de noviembre de 2013

Un enterrado camina por la Veintitrés. Por Flóbert Zapata


UN HOMENAJE

El capítulo XV de Risaralda, de Bernardo Arias Trujillo, está dedicado casi íntegramente a un gran manizaleño, realiza un homenaje a Francisco Jaramillo Ochoa, colonizador de la selva a la ribera del Cauca para que surgiera esa arcadia llamada Portobelo, donde ejercerá la jefatura de vaquería Juan Manuel Vallejo, futuro novio de la sulamita sopingueña La Canchelo, también Manizaleño, planeta del sistema solar de la novela, al lado de estos otros: Pacha Durán, la vaquería, la naturaleza, la colonización, el alma del negro de esa región, Víctor Malo, Juancho Marín, la charanga, el desplazamiento, la ley de la fuerza, el choque de culturas, el cambio de nombre de Sopinga por La Virginia, el coplerío.  La Canchelo (Carmelita Durán, hija de la Pacha) no alcanza a convertirse en planeta, podemos caracterizarla como luna de Saturno. ¿Y cuál es el sol? El sol es la pluma de Bernardo Arias Trujillo. Justo este homenaje a Jaramillo Ochoa frente a otros que inmerecidamente se hacen grabar en el mármol de la gloria, fachendosos y dinerosos (aquí utilizo dos adjetivos del libro, fieles al primer renglón de la banda sonora hecha por Romain Rolland: “Hablas a todos, debes pues utilizar el lenguaje de todos”). Anota Arias Trujillo “La República debería coronar sus sienes consulares con el laurel cívico”. ¡Qué honor de flor de loto, qué felicidad para este hombre que no permitió que el dinero y el progreso que generara le dieran la espalda a la bondad y la justicia: compraba las tierras en vez de robarlas, otorga indemnizaciones, contemporiza! Pero con Bernardo Arias Trujillo no ha habido justicia sino egoísmo fiero, hace parte de los escritores enterrados colombianos. Los grandes escritores se dividen en dos, los enterrados y los que están en lista para enterrar. ¿Quiénes los entierran? Muchos, una red, la pala mayor la accionan los escritores que están listos para el vaciado de su propia estatua, viciosos del lucro metafísico. El que quiera conocer a los enterrados debe hacerse buscador de túmulos y ejercitarse en una larga paciencia quizá defraudada y siempre heroica. Por fortuna Lucio Michaelis ha reeditado a Bernardo, le ha quitado la tierra de encima y lo pone de nuevo a caminar por la carrera Veintitrés de la lengua española, por el Caldas viejo de la imaginación humana.

 

EL EPÍGRAFE

Los mejores epígrafes, las mejores citas, hacen parte substancial de una obra, esto quiere decir que si se suprimen mutilan la obra, como se mutilaría una película al proyectarla sin su movietone. Bernardo, consciente de esto, incluye la cita de Rolland al interior y no antes de que comience propiamente la novela, la hace parte del  organismo, asentamiento, como la selva virgen se dejará llamar Sopinga, como el valle  del Risaralda acoge a los negros que huyen de las guerras civiles, de la esclavitud y de la inmisericordia blanca.

Otra parte de esa fundamental referencia, “hay que hablar como hombre y no como artista”, que revela el don autocrítico de Bernardo, nos da una herramienta para la valoración de cualquier escritor: ¿se encuentra el escritor en su obra, desprecia la realidad, evade la confidencia de su identidad? Al leer esta composición "de negredumbre y vaquería”, sabemos qué ideas tiene Bernardo, lo mismo que si nos sentáramos a tomar café con él en La Cigarra.   Lo hace en la atmósfera general, en el tratamiento de los temas, en la elección de las historias y en momentos específicos que hablan por sí solos en su brevedad, distantes y armónicos, señuelos de una ideología sugerida unidos por un hilo invisible.

Para exaltar el machete, apela a Tomás Cipriano de Mosquera y Benjamín Herrera, santos para el Partido Liberal y demonios para el Partido Conservador (Pág 133). 

Sólo mencionándolo dos veces el espíritu bolivariano recorre todo el valle de la crónica: “Bolívar pulsó tus cuerdas con esas sus manos próceres expertas en caricias y en batallas. Pág 186”, “Hasta Su excelencia, el señor don Simón Bolívar, con ser que era sobrio, se volcaba sus copitas de aguardiente, bajo la ruana sabanera, antes de hundir las espuelas al caballo y adentrarse a la batalla. Pág 237”.

Como tensó la prosa para exaltar el machete, el aguardiente y la canoa la tensa para exaltar el tiple, esta vez desde las dos orillas: “tiple liberal y ravacholista en cuyas cuerdas duerme siempre un bambuco demagógico” (Ravachol, anarquista francés),  “tiple conservador y promesero, godo y ultramontano que va siempre adelante, abriendo caminos de esperanza a los indios taciturnos que se dirigen al santuario boyacense a rezar a la virgen chibcha en peregrinación suplicatoria”.

A Pedro Juan Ramírez, alias Mi Padre, contratado para cazar al mítico Víctor Malo, especie de Pablo Escobar de la cuatrería pero que nunca mataba por la espalda, le describe así los bigotes: “poblados como un corregimiento, montaban guardia de adustez sobre el grueso labio mulato, un labio conservador y reaccionario que traducía exactamente la violencia clerical del régimen. Pág 245”.

Un ensotanado, que luego ascendió a obispo de Manizales, pasó momentos amargos con la libertad cimarrona que rechazaba la religión cristiana porque le bastaba con sus monicongos africanos: “Y apenas se recogió el buen cura, fuéronse a la capilla unos jaques bienhumorados, desnudaron el cadáver de una vieja que el día anterior había muerto, la amarraron cabeza-abajo de las cuerdas de las campanas, y cuando a las cuatro del alba el Padre Hoyos fue a repicar para llamar a misa, quedó aterrado de ese espectáculo macabro, por lo cual tomó las de Villadiego, precipitadamente, dejando atrás alforjas, escuderos y cuantas intenciones había traído para el buen logro de su cruzada misionera. Pág 109”.

Con buena dosificación, encontramos expresiones de extirpe rebelde: “zumo de marihuana Pág 143”, “vida proletaria, Pág 183”, “la luna burguesa, Pág 174”.

Un japonés va caminando, encuentra una piedra con forma artística y le coloca la firma. Su autoría reside en el mérito del descubrimiento. En nuestro caso el mérito de Arias Trujillo al incorporar coplas reside en la acertada selección: “Mi siñora, la chiquita,/ no me venda su mercé:/ yo le lavo la ropita/ y le cocino también. Pág 102”.

El sanitario contertulio deja ver con quién estamos hablando, tras de lo cual podemos tomar la decisión de abandonar la conversación o seguirla. El departamento de Caldas, por lo menos el que toma las decisiones de todos, ha decidió abandonar la conversación propuesta por Risaralda y no recomendarla, actitud a través de la cual sabemos cómo piensa ese sector.

Si quieres acercarte a la mente de un ser ve directamente a él, o pregunta, pero sabe que podrán entregarte verdad o mentira,  deformación o fidelidad, lo neutro o lo sesgado, sabe que milenariamente la verdad siempre ha actuado de víctima y la mentira de victimaria, que la verdad se arrincona, se repliega, se aquieta, se deja invisibilizar, plenamente enamorada de su esencia de humus, sabe que la mentira se viste de verdad y que llama mentirosa a la verdad y que todos le creen porque domina las artes del engaño y la manipulación, sabe que el arte del triunfo es el arte de la calumnia y que la calumnia siempre ha gobernado el mundo, que los medios de comunicación hoy componen la misma vieja calumnia con tecnología de punta.

Si quieres acercarte a la persona de un escritor ve a sus obras. Si no conversa en ellas entonces no te encuentras frente a un  escritor sino frente a un comediante, que sólo deja hablar al artista y reprime al hombre. Exculpados quedan en Colombia los escritores que no hablan para salvar la vida individual.  Los otros, los Bernardo Arias Trujillo, ofrendan la vida para salvar la vida de todos. En esta postura su grandeza. En esta grandeza la esperanza.  

La Carolita, martes 26/nov/2013

 

 

© Flóbert Zapata, noviembre de 2013