Este jueves 20 de noviembre en la sala Carlos Nader de la Universidad de Caldas, a las cuatro de la tarde, se realizará esta colectiva manifestación de afecto y reconocimiento a una persona y a una labor literaria, valiosa lectura de poemas mediando: Diana Rentería Cruz, Pilar Martínez, Lorena Madrid, Juana María Echeverri, Sandra Marcela Gómez Chica, Mariela Mahecha Briticá. La invitación nace en el corazón de la tertulia Uni-verso y del blogspot Kadáber Exquizito, novedosas propuestas de Felipe Agudelo Hernández y Leandro Loaiza Largo.martes, 18 de noviembre de 2008
HOMENAJE A DORIAN HOYOS PARRA
Este jueves 20 de noviembre en la sala Carlos Nader de la Universidad de Caldas, a las cuatro de la tarde, se realizará esta colectiva manifestación de afecto y reconocimiento a una persona y a una labor literaria, valiosa lectura de poemas mediando: Diana Rentería Cruz, Pilar Martínez, Lorena Madrid, Juana María Echeverri, Sandra Marcela Gómez Chica, Mariela Mahecha Briticá. La invitación nace en el corazón de la tertulia Uni-verso y del blogspot Kadáber Exquizito, novedosas propuestas de Felipe Agudelo Hernández y Leandro Loaiza Largo.domingo, 9 de noviembre de 2008
EL PLANETA NEGRO

La satisfacción del ansia de un espaldarazo de alcance universal al orgullo negro se simbolizó, más que en ninguna otra parte, en Kenya, tierra del padre musulmán y polígamo de Barack Obama y en el Chocó colombiano, dos de los lugares con el Índice de Desarrollo humano (IDH) más bajos del planeta y por tanto habientes de una emoción más pura e inocente (http://www.socialwatch.org/es/informeImpreso/pdfs/kenya2002_esp.pdf).
Fervorosos, multitudinarios festejos aparte, la mayoría de los y las keniatas paridos en los hospitales la noche que Obama alcanzó la presidencia llevan su nombre o el de su esposa Michelle. Según el testimonio de Pamela Adhiambo, parturienta, de todos modos el amor es más vasto que el entusiasmo y la hermandad más poderosa que la distancia: “Me decidí a llamarles así mucho antes de las elecciones. Incluso si Obama no hubiese ganado habría hecho lo mismo", declaró la sonriente y positiva madre (http://www.publico.es/internacional/171826/obamania/llega/hospitales/kenia)”.
De monedas y pequeños billetes donados por cientos de afroamericanos del Chocó, departamento ubicado al noroeste del país, nació el giro enviado a la cuenta de la campaña del candidato demócrata en los Estados Unidos, como desde diferentes zonas del planeta.
África y latinoamérica, al igual que otros continentes y subcontinentes, hablan de una identidad cultural solidaria a prueba de tiempo y destrucción, prejuicios y cegueras, saqueos e imposiciones, olvido y geografía, separaciones y bardas.
Con el ruido sinfónico de la disputa contra Hilary Clinton hubiera bastado para calmar el hambre de autoestima y guardar inconmensurables reservas pero, como a quien pide una moneda para comprar un pan y le dan una mina de oro, la presidencia se fue haciendo poco a poco realidad cercana aun ante los ojos de los más incrédulos hasta llegar, con la fama destinada a los cantantes de música o las estrellas de cine, educación e inteligencia como pocas y una sensibilidad infinita hacia los desposeídos, a convertirse sin discusión en el personaje más grande del siglo que comienza. Tan sólo porque los negros representan más del 20 por ciento de la población del mundo, diseminados por el orbe para conformar el planeta negro, el grupo humano más humillado al lado de los gitanos, y esto ya es decir lo inenarrable, y las razones son y serán muchas más, tal vez no valga la pena preguntarse si puede llegar a ser superado.
Fervorosos, multitudinarios festejos aparte, la mayoría de los y las keniatas paridos en los hospitales la noche que Obama alcanzó la presidencia llevan su nombre o el de su esposa Michelle. Según el testimonio de Pamela Adhiambo, parturienta, de todos modos el amor es más vasto que el entusiasmo y la hermandad más poderosa que la distancia: “Me decidí a llamarles así mucho antes de las elecciones. Incluso si Obama no hubiese ganado habría hecho lo mismo", declaró la sonriente y positiva madre (http://www.publico.es/internacional/171826/obamania/llega/hospitales/kenia)”.
De monedas y pequeños billetes donados por cientos de afroamericanos del Chocó, departamento ubicado al noroeste del país, nació el giro enviado a la cuenta de la campaña del candidato demócrata en los Estados Unidos, como desde diferentes zonas del planeta.
África y latinoamérica, al igual que otros continentes y subcontinentes, hablan de una identidad cultural solidaria a prueba de tiempo y destrucción, prejuicios y cegueras, saqueos e imposiciones, olvido y geografía, separaciones y bardas.
Con el ruido sinfónico de la disputa contra Hilary Clinton hubiera bastado para calmar el hambre de autoestima y guardar inconmensurables reservas pero, como a quien pide una moneda para comprar un pan y le dan una mina de oro, la presidencia se fue haciendo poco a poco realidad cercana aun ante los ojos de los más incrédulos hasta llegar, con la fama destinada a los cantantes de música o las estrellas de cine, educación e inteligencia como pocas y una sensibilidad infinita hacia los desposeídos, a convertirse sin discusión en el personaje más grande del siglo que comienza. Tan sólo porque los negros representan más del 20 por ciento de la población del mundo, diseminados por el orbe para conformar el planeta negro, el grupo humano más humillado al lado de los gitanos, y esto ya es decir lo inenarrable, y las razones son y serán muchas más, tal vez no valga la pena preguntarse si puede llegar a ser superado.
UNA GRAN NACIÓN HA RENACIDO

Estados Unidos ha dado de nuevo una muestra de grandeza al elegir a Barack Obama, cosa que no hacía desde hace mucho, es decir, luego de comenzar a convertirse en imperio, que no pasará página pronto, porque la pesada máscara de ogro se demuele lenta, y que le permitirá encontrar un agujero para mirar hacia afuera.
La vida se equilibra: insoportable era que continuara una forma de gobernar tan olvidada con los desabrigados y tan reaccionaria, hasta el punto de negar el mestizaje como camino ineludible de la humanidad, fascistoide frac, o cowboy, si aceptamos para Bush padre y Bush hijo esta seña de identidad de Reagan. Al dañarles sus rompeolas y llevar a muchas sociedades al colapso societal el neoliberalismo de los últimos veinte años puso a quienes arrullaron su cuna al borde de catástrofe semejante.
Derrotado el racismo de piel inevitablemente empezará a aminorarse el racismo derivado, el económico.
Sin haberse posesionado Obama el mundo ya es distinto.
Agradezcamos a la vida su sabiduría y a las circunstancias que nos han permitido testificar este ascenso incomparable y genuino.
La vida se equilibra: insoportable era que continuara una forma de gobernar tan olvidada con los desabrigados y tan reaccionaria, hasta el punto de negar el mestizaje como camino ineludible de la humanidad, fascistoide frac, o cowboy, si aceptamos para Bush padre y Bush hijo esta seña de identidad de Reagan. Al dañarles sus rompeolas y llevar a muchas sociedades al colapso societal el neoliberalismo de los últimos veinte años puso a quienes arrullaron su cuna al borde de catástrofe semejante.
Derrotado el racismo de piel inevitablemente empezará a aminorarse el racismo derivado, el económico.
Sin haberse posesionado Obama el mundo ya es distinto.
Agradezcamos a la vida su sabiduría y a las circunstancias que nos han permitido testificar este ascenso incomparable y genuino.
lunes, 3 de noviembre de 2008
OBAMA, UN CANTO CONTRA EL RACISMO
Que a Mcain no lo hayan enterrado, 115 periódicos lo apoyan, y sólo vaya en pausada barrena dice mucho del pueblo norteamericano y su apego a la basa partidista, producto, entre otras causas, del auge de la pseudociencia.
Un país donde cada día pierden más ciudadanos la casa, el empleo o los ahorros, donde cincuenta millones no tienen servicio médico, para no citar lo escabroso y lo expresionista cotidiano y oculto, por culpa de los repúblicanos, no debiera otorgarle ni siquiera audiencia a quien ostenta como su mayor mérito haber lanzado toneladas de bombas en Hanoi.
American Express recortará el 10% de su nómina laboral o sea 7000 puestos (http://www.voanews.com/spanish/2008-10-31-voa5.cfm). Y asi por todos lados. El piso del paraíso era en parte sensible de madera fatigada y se ha desfondado para los estadounidenses. De tal ruidosa e ineluctable manera que faltando venticuatro horas para que se determine quién ocupará el despacho oval han sido dadas muestras de que esta sociedad puede superar el shok del racismo, como una prueba de que merece sortear sus otros desaforados males, nacidos en un poder inmenso usado con nervio maniático (http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/articulo87188-obama-toma-distancia-elecciones-de-eeuu).
•
El racismo ya había sido espantado de los códigos. Si Obama gana habrá sido desterrado del alma. Podrá volver pero como un intruso peligroso y no ya como alguien de la casa. Nacerá la esperanza de que dirijan su colectivo destino todos los colores y voces y no sólo la parcialidad protestante rubia y de ojos azules, como solía ser, en la nación más pluriétnica de la tierra. Este será sin duda el primer gran aporte de la Unión, de corte Whitmaniano, al siglo XXI, en un momento en que el muro en la frontera con México, más de 1000 kilómetros, y la desalmada y cruel ley de inmigración europea (expulsión para indocumentados, reclusión por seis meses y hasta por doce), llamada con eufemismo Directiva de Retorno, vuelven a decir, de manera contradictoria, confusa, obsolescente, sospechosa de nueva arquitectura de xenofobia: Estados Unidos y Europa libres de negros, indios, gitanos, mestizos, etc. Esto no más justifica su ascenso. El resto, si viene, es ñapa.
Un país donde cada día pierden más ciudadanos la casa, el empleo o los ahorros, donde cincuenta millones no tienen servicio médico, para no citar lo escabroso y lo expresionista cotidiano y oculto, por culpa de los repúblicanos, no debiera otorgarle ni siquiera audiencia a quien ostenta como su mayor mérito haber lanzado toneladas de bombas en Hanoi.
American Express recortará el 10% de su nómina laboral o sea 7000 puestos (http://www.voanews.com/spanish/2008-10-31-voa5.cfm). Y asi por todos lados. El piso del paraíso era en parte sensible de madera fatigada y se ha desfondado para los estadounidenses. De tal ruidosa e ineluctable manera que faltando venticuatro horas para que se determine quién ocupará el despacho oval han sido dadas muestras de que esta sociedad puede superar el shok del racismo, como una prueba de que merece sortear sus otros desaforados males, nacidos en un poder inmenso usado con nervio maniático (http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/articulo87188-obama-toma-distancia-elecciones-de-eeuu).
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El racismo ya había sido espantado de los códigos. Si Obama gana habrá sido desterrado del alma. Podrá volver pero como un intruso peligroso y no ya como alguien de la casa. Nacerá la esperanza de que dirijan su colectivo destino todos los colores y voces y no sólo la parcialidad protestante rubia y de ojos azules, como solía ser, en la nación más pluriétnica de la tierra. Este será sin duda el primer gran aporte de la Unión, de corte Whitmaniano, al siglo XXI, en un momento en que el muro en la frontera con México, más de 1000 kilómetros, y la desalmada y cruel ley de inmigración europea (expulsión para indocumentados, reclusión por seis meses y hasta por doce), llamada con eufemismo Directiva de Retorno, vuelven a decir, de manera contradictoria, confusa, obsolescente, sospechosa de nueva arquitectura de xenofobia: Estados Unidos y Europa libres de negros, indios, gitanos, mestizos, etc. Esto no más justifica su ascenso. El resto, si viene, es ñapa.
sábado, 25 de octubre de 2008
MUERE EN EL VIENTRE LA CORPORACIÓN ENCUENTRO DE ESCRITORES FILADELFIA
Privado de su actual y constituida Corporación no podremos soñar que el Encuentro de Escritores Filadelfia pueda realizarse de la manera ideal, esto es, sin el embarazo de las contingencias a veces sorprendentes en los cambios de administración del municipio. Tendrían sus directivos que ponerse a rezar para que las ideas de cada alcalde fueran favorables y poder ubicar a la auténtica poesía cerca del respeto merecido a la dignidad cierta y continente y lejos de la genuflexión a la fatuidad y el escindente absolutismo de aldea. Si por sustracción de materia se deshace, como parece, la Corporación, más que del fracaso de la imaginación se tratará del triunfo de los fundamentalismos. Sí, fundamentalismos, porque sólo ellos explican que sea despreciado lo auténticamente vivo y lo decididamente prural. El futuro del Encuentro habrá sido sin remedio proscrito, abollado, penado, censurado, como si de una apostasía se tratara, o quizá no tenemos que ir tan atrás porque el siglo XVIII basta: como una renegación volteriana.
Filadelfia puede darse por una vez el gusto de los alcaldes cívicos. Otorgarle un merecido descanso a los directorios liberal y conservador, que en realidad son un partido único e incomparable eventualidad de atraso. Decir que importan sólo el futuro para todos y la libertad. No negarse el altísimo poder visionario e iluminador del arte.
Filadelfia puede darse por una vez el gusto de los alcaldes cívicos. Otorgarle un merecido descanso a los directorios liberal y conservador, que en realidad son un partido único e incomparable eventualidad de atraso. Decir que importan sólo el futuro para todos y la libertad. No negarse el altísimo poder visionario e iluminador del arte.
viernes, 17 de octubre de 2008
EL TANGO DEL PROFE. Alejandro García Gómez.
(El tango del profe. Alejandro García Gómez. 150 páginas. Dirección de cultura. Alcaldía Municipal de Pasto. 2007).
La literatura vale la pena si muestra llagas, las que siempre llevamos por humanos y aquellas otras capaces de toda miseria, que nos manifiestan ya no demasiado humanos sino subhumanos, en esta novela llamados con acierto los “comemierdas”, originalmente expresadas.
Reunidas en este libro las miserias de un gremio, como Arroyo, rector politiquero, extensión de directorio, o Diosdado Pacheco, el inescrupuloso jefe de departamento, y sus lotos crecidos en el fango: que un docente de Biología y Química sea capaz de parar su exposición sobre el objetivo 100X del microscopio y leer un poema, o detener su vida y escribir una magnífica novela.
Aquí el maestro oficial, ese funcionario demasiado gris que recibe el obituario en el primer pago de jubilación.
Allí la educación ofrecida por el Estado, ese mundo crudo de hoy, que hace pedazos todo ego, que libera al maestro de un pesado fardo de simulacros y convenciones ensimismadas, al encararlo con el universo puro de la miseria, al ponerlo frente a un orbe de indigencia y exclusión en el que resulta gaseoso hablar de valores, de donde él viene aunque lo ha olvidado entre espejismos, al que pueden caer sus propios hijos desde las alfombras voladoras de la esperanza.
Desnuda aquello en que se ha convertido la educación hoy: un trabajo escabroso. Tanto como buscar los diminutos diamantes de la limpieza, que representarán el salario, en una piscina inundada de estiércol de hipopótamos. Una ocupación durísima, aniquiladora, desde adentro y desde afuera, más que cualquier otra que se precie de serlo.
Muestra de paso el atosigado diario laboral de un maestro de un colegio certificado, moda neoliberal rampante: mapa de procesos, ISO, control de calidad, que no es otra cosa que calidad del control —colegios privados tienen cámaras en los salones, como en “1984”, la antiutopía de Orwell—, proyectos, más proyectos, otros proyectos, nuevos proyectos, proyectitis, formas, formatos, papeles, documentos, firmas, informes, más informes, informemanía...
Qué es una crónica sino una buena novela real. Qué es una novela sino una historica sucesión de hechos, hiper o hipotrofiada por técnicas buscadoras de efectos. Hay gente que encuentra fácil distinguir entre novela y crónica, como en un plano cartesiano simple. Personalmente no veo tan obvia la barda. Entre estos dos mundos oscila “El tango del profe”, la primera salida de largo aliento publicada por Alejandro García Gómez.
El que sufre muere el doble y vive la mitad. Ese es el maestro, sobre todo si vibra en su sangre el gen anarquista, en el sentido originario de esta sagrada palabra: “No sé a qué se debe esta manía que tengo por las causas perdidas (Pag. 109)” y por eso nunca olvida que el que sufre piensa y el que piensa vive el doble o el triple en su afán porque ese sufrimiento sea común a todos en la conciencia, primera fase, para que sin que falte ninguno lo erradiquen.
La educación, la santita, había escapado a “Cambalache”, pero este como sabueso la ha perseguido hasta cazarla. Discépolamente le ha quitado sus ropas chiviadas, sus vestidos sastre, sus apariencias baratas, y nos la ha entregado desnuda.
El capítulo 7 da cuenta de la vida trepadora del profesor Juvencio Posada: de sinvergüenza hereditario a canalla, informante, perfecto ejemplo de dignidad que se automutila y se autoinmola, o sea de falsa dignidad. “Volvió una noche” es su tango pero quiero entender que no es esta tragedia la que da título al libro sino una no escrita que recorre cada renglón y que quizá el autor, poeta también de altas calidades, en el receso de las cámaras se decida a escribir alguna vez.
Lectores arrogantes de primera página, no abandonen en el inicial capítulo, no se nieguen este festín bajo luna doméstica, en el que la educación, la siempre mirada a través de puertas agrietadas y resecas, ahora echa un vistazo hacia afuera por un agujero en la puerta metálica de un salón: páginas excepcionales, viaje desde el frío social al pie del volcán a la eterna primavera postergada.
Latiendo las valiosas Ráqueles Ariza, sin las cuales el mundo se tornaría irritable horizonte de túnicas y hábitos sin a quien predicarle y destrozándose entre sí. Lunares gallardos de un país impulsivamente convertido en paraíso conservador, repúblicano, popular, tan abonado que degenera en selva.
Pocas obras de arte pasan por la educación, se detienen en la educación, miran la educación, aunque sólo sea fugazmente. Hacen el abordaje de la vida privada de un maestro pero no de la educación, de su diaria odisea en las aulas. En oposición a este agostamiento “El tango” nace de un asunto eminentemente educativo: “La inexplicable pérdida y hallazgo de unos mirospcopios que habían desaparecido de la gaveta de una compañera viuda, a quien se la responsabilizaba (Pag. 125).” Incurre en una admirable aberración al contradecir lo que pareciera frívola moda y en realidad es profunda pujanza ideológica: colocar lo esencial como ancilar, rebajar el espíritu a sobrevivencia, postergar la vida.
Hace poco Gabriel Pabón Villamizar editó “El maestro en cuentos”. Señala con acierto en el estudio premilinar que en muy pocas producciones de este género el maestro es protagonista. A esta cantidad hay que aplicarle exponente negativo si nos preguntamos por la novela, balance triste como repetidas capillas de bruma nariñense, que titilan entre el propalibro beige. Bien, la creación de un profesor secundario ha roto con este tabú. Desde luego no es el único mérito del libro. De nombrar otros fulgores suyos se encarga en el preciso prólogo el eminente crítico norteamericano Jonathan Titller.
¿Cómo no va a ser mejor leer una novela de estas características que ver seis huecas películas de Holywood? ¿Cómo no va a estar más el espíritu colombiano en obras como estas que en falsimedia literaria? Algún día se romperá el hechizo del consumo innecesario y la superstición como industria y recordaremos a quienes se rebelaron a sus cánones y condenamos y excomulgamos por ello. El autor de este libro estará en las más rigurosas listas. No se puede alejar más ese día según la teoría de los ciclos pero más según la fuerza y la lógica de la continuidad de la especie, que es finalmente lo que se impone.
Llamado a ser armonía, curiosidad científica y política, el mundo laboral de escuelas y colegios se traiciona a sí mismo en los pocos restos que dejó el paso de la oficializada y burbujeante Globalización y su pasión sado-masoquista de ser dominado por los de arriba para dominar a los de abajo, haciéndose dogma, tremebunda jerarquía, tensiones inenarrables.
No otro epíteto que brillante puede recibir la alegoría del capítulo ocho, que engloba al universo pedagógico pero también al social. Es el sur de Aurelio Arturo y Alejandro también Colombia, donde no hay que preguntar porque las respuestas vienen quevedescas, en epitafios de sangrienta luna.
Cuando leemos emprendemos un viaje. Al apearnos del bus, el de Yeison Alesis, alumno coprotagonista, u otro, sabemos que valió la pena este trasiego de recuerdos de “la ciudad de las cúpulas y los campanarios de las iglesias y los monasterios, donde han comenzado las guerras de la patria”, o sea Pasto, hasta aquella donde florecen las guerras ahora: Medellín. “El tango del profe” debería ser leído por todos los maestros de Colombia, lamentablemente sabemos que no será así. De incomunicación avasalladora estamos hechos, triste suma de estériles solipsismos, sin que sea monda coincidencia. Hacia el derrumbamiento de este negativo estado de cosas ha de dirigirse toda expectativa.
Reunidas en este libro las miserias de un gremio, como Arroyo, rector politiquero, extensión de directorio, o Diosdado Pacheco, el inescrupuloso jefe de departamento, y sus lotos crecidos en el fango: que un docente de Biología y Química sea capaz de parar su exposición sobre el objetivo 100X del microscopio y leer un poema, o detener su vida y escribir una magnífica novela.
Aquí el maestro oficial, ese funcionario demasiado gris que recibe el obituario en el primer pago de jubilación.
Allí la educación ofrecida por el Estado, ese mundo crudo de hoy, que hace pedazos todo ego, que libera al maestro de un pesado fardo de simulacros y convenciones ensimismadas, al encararlo con el universo puro de la miseria, al ponerlo frente a un orbe de indigencia y exclusión en el que resulta gaseoso hablar de valores, de donde él viene aunque lo ha olvidado entre espejismos, al que pueden caer sus propios hijos desde las alfombras voladoras de la esperanza.
Desnuda aquello en que se ha convertido la educación hoy: un trabajo escabroso. Tanto como buscar los diminutos diamantes de la limpieza, que representarán el salario, en una piscina inundada de estiércol de hipopótamos. Una ocupación durísima, aniquiladora, desde adentro y desde afuera, más que cualquier otra que se precie de serlo.
Muestra de paso el atosigado diario laboral de un maestro de un colegio certificado, moda neoliberal rampante: mapa de procesos, ISO, control de calidad, que no es otra cosa que calidad del control —colegios privados tienen cámaras en los salones, como en “1984”, la antiutopía de Orwell—, proyectos, más proyectos, otros proyectos, nuevos proyectos, proyectitis, formas, formatos, papeles, documentos, firmas, informes, más informes, informemanía...
Qué es una crónica sino una buena novela real. Qué es una novela sino una historica sucesión de hechos, hiper o hipotrofiada por técnicas buscadoras de efectos. Hay gente que encuentra fácil distinguir entre novela y crónica, como en un plano cartesiano simple. Personalmente no veo tan obvia la barda. Entre estos dos mundos oscila “El tango del profe”, la primera salida de largo aliento publicada por Alejandro García Gómez.
El que sufre muere el doble y vive la mitad. Ese es el maestro, sobre todo si vibra en su sangre el gen anarquista, en el sentido originario de esta sagrada palabra: “No sé a qué se debe esta manía que tengo por las causas perdidas (Pag. 109)” y por eso nunca olvida que el que sufre piensa y el que piensa vive el doble o el triple en su afán porque ese sufrimiento sea común a todos en la conciencia, primera fase, para que sin que falte ninguno lo erradiquen.
La educación, la santita, había escapado a “Cambalache”, pero este como sabueso la ha perseguido hasta cazarla. Discépolamente le ha quitado sus ropas chiviadas, sus vestidos sastre, sus apariencias baratas, y nos la ha entregado desnuda.
El capítulo 7 da cuenta de la vida trepadora del profesor Juvencio Posada: de sinvergüenza hereditario a canalla, informante, perfecto ejemplo de dignidad que se automutila y se autoinmola, o sea de falsa dignidad. “Volvió una noche” es su tango pero quiero entender que no es esta tragedia la que da título al libro sino una no escrita que recorre cada renglón y que quizá el autor, poeta también de altas calidades, en el receso de las cámaras se decida a escribir alguna vez.
Lectores arrogantes de primera página, no abandonen en el inicial capítulo, no se nieguen este festín bajo luna doméstica, en el que la educación, la siempre mirada a través de puertas agrietadas y resecas, ahora echa un vistazo hacia afuera por un agujero en la puerta metálica de un salón: páginas excepcionales, viaje desde el frío social al pie del volcán a la eterna primavera postergada.
Latiendo las valiosas Ráqueles Ariza, sin las cuales el mundo se tornaría irritable horizonte de túnicas y hábitos sin a quien predicarle y destrozándose entre sí. Lunares gallardos de un país impulsivamente convertido en paraíso conservador, repúblicano, popular, tan abonado que degenera en selva.
Pocas obras de arte pasan por la educación, se detienen en la educación, miran la educación, aunque sólo sea fugazmente. Hacen el abordaje de la vida privada de un maestro pero no de la educación, de su diaria odisea en las aulas. En oposición a este agostamiento “El tango” nace de un asunto eminentemente educativo: “La inexplicable pérdida y hallazgo de unos mirospcopios que habían desaparecido de la gaveta de una compañera viuda, a quien se la responsabilizaba (Pag. 125).” Incurre en una admirable aberración al contradecir lo que pareciera frívola moda y en realidad es profunda pujanza ideológica: colocar lo esencial como ancilar, rebajar el espíritu a sobrevivencia, postergar la vida.
Hace poco Gabriel Pabón Villamizar editó “El maestro en cuentos”. Señala con acierto en el estudio premilinar que en muy pocas producciones de este género el maestro es protagonista. A esta cantidad hay que aplicarle exponente negativo si nos preguntamos por la novela, balance triste como repetidas capillas de bruma nariñense, que titilan entre el propalibro beige. Bien, la creación de un profesor secundario ha roto con este tabú. Desde luego no es el único mérito del libro. De nombrar otros fulgores suyos se encarga en el preciso prólogo el eminente crítico norteamericano Jonathan Titller.
¿Cómo no va a ser mejor leer una novela de estas características que ver seis huecas películas de Holywood? ¿Cómo no va a estar más el espíritu colombiano en obras como estas que en falsimedia literaria? Algún día se romperá el hechizo del consumo innecesario y la superstición como industria y recordaremos a quienes se rebelaron a sus cánones y condenamos y excomulgamos por ello. El autor de este libro estará en las más rigurosas listas. No se puede alejar más ese día según la teoría de los ciclos pero más según la fuerza y la lógica de la continuidad de la especie, que es finalmente lo que se impone.
Llamado a ser armonía, curiosidad científica y política, el mundo laboral de escuelas y colegios se traiciona a sí mismo en los pocos restos que dejó el paso de la oficializada y burbujeante Globalización y su pasión sado-masoquista de ser dominado por los de arriba para dominar a los de abajo, haciéndose dogma, tremebunda jerarquía, tensiones inenarrables.
No otro epíteto que brillante puede recibir la alegoría del capítulo ocho, que engloba al universo pedagógico pero también al social. Es el sur de Aurelio Arturo y Alejandro también Colombia, donde no hay que preguntar porque las respuestas vienen quevedescas, en epitafios de sangrienta luna.
Cuando leemos emprendemos un viaje. Al apearnos del bus, el de Yeison Alesis, alumno coprotagonista, u otro, sabemos que valió la pena este trasiego de recuerdos de “la ciudad de las cúpulas y los campanarios de las iglesias y los monasterios, donde han comenzado las guerras de la patria”, o sea Pasto, hasta aquella donde florecen las guerras ahora: Medellín. “El tango del profe” debería ser leído por todos los maestros de Colombia, lamentablemente sabemos que no será así. De incomunicación avasalladora estamos hechos, triste suma de estériles solipsismos, sin que sea monda coincidencia. Hacia el derrumbamiento de este negativo estado de cosas ha de dirigirse toda expectativa.
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